Mario Cañizares | En-Forma ¨Formación para profesionales de la salud y el deporte"

Control de la disociación de movimientos en natación

Es evidente que una buena posición horizontal, equilibrada y alineada me va a ayudar a disminuir las resistencias de forma y oleaje en natación.

Conseguidos estos (nada sencillos) objetivos, mis movimientos deben buscar continuidad y optimización con fines propulsivos (fuerza aplicada acorde a la intensidad de desplazamiento pretendida).

No basta con mover rápido el brazo, sino que en primer lugar los segmentos propulsores deben fijar correctamente el cuerpo para poder aplicar dicha fuerza en el agua y por tanto desplazarse (si no, por ejemplo, un bateador de beisbol o un lanzador de jabalina serían unos fantásticos nadadores…). Después, debemos orientar correctamente las superficies propulsivas, dar continuidad de acciones (con leve o ninguna parada en dichas acciones, según la intensidad deseada) y evitar inercias o cantidades de movimiento (circulares casi siempre) inadecuadas.

Y es ahí donde entran en juego la dupla movilidad – disociación.

De poco servirá una gran velocidad en la extensión de hombro si no soy capaz de mantener el alineamiento corporal, ni la posición horizontal ni la estabilidad del brazo que desliza en ese momento, o su armonía durante el recobro previo. Es decir, generaré “botes”, oscilaciones laterales y movimientos de compensación (las clásicas “tijeras” con las piernas). Estas “fugas de energía”, o diferencias entre fuerza aplicada y propulsión obtenida, una vez restadas las resistencias poco modificables, harán que unos nadadores más móviles y hábiles puedan desplazarse más eficientemente que otros con peor movilidad y más torpes en el agua.

Ejercicios en seco como una básica retracción escapar, o una abducción escapular + rotación dorsal, para posteriormente progresar a otros mas complejos como un arm-bar e incluso un Turkish get up (con o sin peso añadido) pueden ser un complemento perfecto para estimular dicha disociación de movimientos y amplitud articular.

Sin eso, poco le vamos a poder decir a nuestro nadador triatleta para que corrija su estilo completo o realice ejercicios analíticos en el agua. Demasiado salto de dificultad, en un medio donde quizá no lo dominan demasiado y que además nos ofrece unas posibilidades de feedback instantáneo inexistentes o reducidas.

Y sin el estudio de su movilidad y capacidad (o incapacidad) para disociar movimientos, iremos a ciegas en nuestras instrucciones como entrenadores a la hora de sugerirles una u otra entrada de mano, uno u otro recorrido en recobro, una u otra altura y flexión de codo en la brazada…

Porque no se puede pretender hacer un ejército de clones cuando las piezas para construir tus Clone Troopers son distintas…

La relación entre la amplitud de movimiento articular y el nivel y edad de los nadadores

Póster del pasado Congreso Internacional Interdisciplinar de readaptación y prevención celebrado en Granada, donde junto a mi compañero Javier Courel Ibáñez presentamos un estudio en el que mostramos la relación entre la amplitud de movimiento articular y el nivel y edad de los nadadores.

A más nivel y edad, grupos excelentes y homogéneos en cuanto a niveles de ADM. Estos niveles de ADM son progresivamente menos excelentes cuanto menos edad tienen los nadadores (la importancia relativa de otros factores como la maduración y el nivel de entrenamiento los suplen). Y los niveles de ADM son malos o muy malos en grupos de edad jóvenes y nivel local.

¿Casualidad? No lo creo…

A modo de resumen, si quieres optar a llegar lejos en natación, empieza por cuidar y mejorar tu rango de movimiento en hombros y tobillos desde muy joven. A partir de ahí, tocará mantenerlo con el paso de los años, e ir mejorando la aplicación de fuerza que eres capaz de hacer en esos rangos de movilidad harto difíciles, que a la vez son la clave para conseguir altos niveles de propulsión (que junto con una reducida resistencia de forma/oleaje, llevarán al nadador a altas velocidades de desplazamiento…).

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