Para quien no haya oído hablar de esta herramienta, una sencilla explicación de qué es: el flossing es la aplicación de un vendaje elástico recubriendo una determinada zona corporal, normalmente una articulación o un segmento muscular.

¿Qué tienen en común el flossing con el BFRT?

Su relación con el entrenamiento con restricción de flujo o blood flow restriction training (BFRT) proviene de los inicios de este tipo de entrenamiento. Cuando empezó a desarrollarse el BFRT, la restricción del flujo sanguíneo se realizaba con bandas elásticas, muy parecidas a las que se utilizan con el flossing. Sin embargo, la utilización del vendaje con el objetivo de mejorar la fuerza y la hipertrofia muscular acarreaba una gran limitación, pues la cuantificación de la presión era imposible de realizar.

Se debe recalcar que la necesidad de tener un control y poder progresar en el entrenamiento, propició la utilización de manguitos de compresión, manuales (a través de un esfingomanómetro) o mecánicos (con un compresor de aire).

¿Cuándo empezó a utilizarse el flossing? ¿Cuáles son sus efectos?

No fue hasta el año 2013 cuando Kelly Starret y Glen Cordoza incluyeron en su libro al flossing como una herramienta de mejora de la movilidad y disminución del dolor (1).

Las hipótesis en las que basan estos autores los efectos del flossing eran el “creeping” o cizallamiento fascial provocado por la compresión del vendaje sobre los tejidos, y la mejora del flujo sanguíneo debido a la restricción previo del vendaje.

El cizallamiento fascial tiene como objetivo la mejora del deslizamiento entre planos fasciales (entre fascículos muscular o entre los propios grupos musculares) para la mejora de la movilidad, y, por ende, del dolor. Si te resulta difícil imaginar este «deslizamiento», imagina una cebolla cortada por la mitad. Cada capa de la cebolla debería ser capaz de deslizarse sobre sus capas vecinas superior e inferior.

¿Qué problemas presenta la hipótesis de Starret y Cordoza?

Su suposición restringe los efectos a aquellas zonas corporales en las que se puede aplicar el vendaje y que siempre la mejora de la movilidad precederá a la disminución del dolor.

Esta hipótesis no ha sido demostrada en ningún artículo científico, y la experiencia clínica nos muestra como la movilidad no siempre precede a la mejora del dolor, pudiendo ser respuestas independientes; y, además, los efectos no solo se producen a nivel local, sino que, por ejemplo, la aplicación del vendaje sobre el pliegue inguinal no puede ayudar conseguir mejoras en la movilidad y/o el dolor sobre la cadera.

¿Qué mecanismos están detrás de sus efectos sobre dolor y movilidad?

El marco teórico sobre el que nos basamos para la utilización del flossing está de acuerdo con la teoría de las neuroetiquetas (2).

Este modelo teórico se hablará de forma larga y extendida en otras entradas sobre dolor en el blog, pero para hacer un rápido resumen y que puedas seguir con la lectura: «las neuroetiquetas son grupos de neuronas con diferente localización y una función común. Este modelo presenta cualquier respuesta cerebral (dolor, movimiento, creencias…) en la competición y colaboración de las neuroetiquetas. Así por ejemplo, habría una neuroetiqueta para el dolor y otra para la movilidad del tobillo, ambas bajo la influencia (modulación) de otras neuroetiquetas (nocicepción, amenaza visual, experiencias previas…)».

Este modelo teórico explicaría porqué pueden sucederse mejoras del dolor y la movilidad de forma conjunta o separada, todo dependiendo de la influencia que pueda tener el flossing sobre las neuroetiquetas que modulan dichas respuestas.

En los casos de la articulación de la cadera y la escapulotorácica, ambas articulaciones de imposible acceso directo por el vendaje, se explicarían sus efectos tras la aplicación del flossing en zonas cercanas gracias a los cambios en la representación somatosensorial de dichas áreas, las expectativas del tratamiento (efecto placebo), la disminución de la amenaza percibida en dichas áreas corporales, la puesta en marcha de mecanismos opiodes endógenos por el ejercicio, así como una inhibición descendente provocada por la compresión del propio vendaje (9).

¿Con qué evidencia cuenta esta herramienta?

La evidencia disponible respecto al dolor y el uso de flossing es escasa. Prill y colaboradores (2018) (3)sus efectos agudos en la disminución del dolor muscular post-ejercicio, más comúnmente conocido como “agujetas”.  Con una muestra pequeña (15 personas) se realizó un entrenamiento sobre los flexores de codo de forma bilateral, pero solo se aplicó flossing a uno de los brazos de forma aleatoria. Se controló el dolor y la fatiga a través de la Escala Visual Analógica (EVA) y la Escala de Borg en tres ocasiones (inmediatamentre después de terminar el entrenamiento, a las 24 y 48 horas). Tanto los valores de dolor como de fatiga disminuyeron su percepción en el brazo con flossing.

Otro artículo interesante, un estudio de caso (4) en el que se aplicó flossing en un jugador de baloncesto de instituto con la enfermedad de Keinböck (necrosis avascular del semilunar). Con una aplicación de 1-3 minutos (dependiendo de la tolerancia) durante 6 semanas junto con ejercicios de fuerza y movilidad, los valores de funcionalidad reportados por el jugador aumentaron un 45% y el dolor disminuyó hasta el 88% del valor inicial (semana 1). Como limitaciones al estudio, encontramos que no se indicó ni el programa de ejercicio realizado, ni si se progresó en el uso del flossing a lo largo de la intervención (tiempo de exposición, percepción de compresión, etc). Tampoco se utilizaron valores objetivos para medir la fuerza o el rango de movimiento, sólo se utilizó la EVA y el índice de disfunción para muñeca-mano (WHDI) semanalmente.

En referencia a la mejora de la movilidad, los estudios que han investigado los efectos del flossing son mayores en número y mejores en calidad metodológica. Drill y colaboradores llevan a cabo en 2016 un estudio sobre los efectos del flossing en la movilidad de tobillo y el rendimiento del salto unipodal. 52 corredores recreacionales componen la muestra del estudio, sobre los que se aplica de forma unilateral flossing (sirviendo el otro tobillo como grupo control) (5).

La presión del vendaje fue monitorizada a través de un dispositivo de presión colocado bajo el mismo, realizándose una aplicación de 182mmHg (± 38) durante dos minutos. Mientras se tenía el vendaje, los corredores realizaban 20 flexo-extensiones de tobillo en descarga (cadena cinética abierta) de forma bilateral; una vez pasados los 2 minutos de flossing, caminaban durante 1 minuto más sin vendaje.

Las variables que se utilizaron en el estudio fueron:

  • Movilidad de la flexión dorsal en carga (Lunge Test)
  • Movilidad flexión dorsal y plantar en descarga (goniometría)
  • Velocidad y altura del salto contramovimiento de forma unilateral (transductor lineal).

Los resultados mostraron mejoras significativas entre tobillo con y sin flossing, así como en el tiempo (pre-post). Sin embargo, el tamaño del efecto para todas las variables comparadas fue pequeño.

Los mismos autores reprodujeron la misma metodología en otro artículo posterior, añadiendo como novedad más mediciones en el tiempo (post-intervención, 5,15, 30 y 45 minutos post-intervención) y al sprint (15 metros) como variable (6). Los resultados muestran mejoras en la movilidad de tobillo, con un mayor efecto a los 5 minutos post-intervención, pero mintiéndose superior a los datos iniciales hasta los 45 minutos posteriores.

Sólo dos estudios han investigado los efectos del flossing sobre la movilidad del miembro superior.

Kiefer y colaboradores en 2017 investigaron los efectos sobre el ROM en la flexión de hombro (7). El estudio cuenta con una muestra amplia (60 jóvenes), divididos en un grupo experimental (flossing) y control (no flossing). Ambos grupos realizaron un estiramiento (child’s pose strecht) 5 veces durante 30 segundos, midiéndose el ROM pasivo a través de goniometría y la percepción de “flexibilidad” (facilidad percibida por la persona al llegar a su máxima tolerancia de estiramiento).  Los resultados muestran como ambos grupos mejoraron los valores en flexión de hombro comparando pre y post-intervención; sin diferencias entre grupo control y experimental. La percepción de «flexibilidad» en el movimiento también aumentó con la aplicación de flossing.

Hodeaux estudió el ROM pasivo en la flexión-extensión y prono-supinación del codo en tenistas de élite (12 en total: 6 mujeres y 6 hombres) (8). Tras 2 minutos de aplicación junto con movilizaciones activas no se observaron mejoras significativas. Sin embargo, al analizar los resultados de la muestra, se observa como el participante (serie 11) que menor rango de movimiento mostró pre-test fue el que mayor mejora obtuvo con la aplicación de flossing.

Como has podido comprobar, algo «aparentemente» tan sencillo como un vendaje elástico alrededor de una determinada zona corporal esconde diferentes respuestas complejas para responder a sus efectos. Tanto es así, que he necesitado de la ayuda de mi compañero Antonio Piépoli para incluir un capítulo específico en el libro sobre Entrenamiento Oclusivo (único en Español).

Hasta aquí la entrada sobre Flossing y Ciencia. Si quieres aprender más sobre esta maravillosa herramienta, no dudes en hacer nuestros los cursos que imparto en En-Forma.

1.        Starret K, Cordoza G. Becoming a Supple Leopard: The Ultimate Guide to Resolving Pain, Preventing Injury and Optimizing Athletic Performance. Riverside, NJ: Victory Belt Publishing; 2013.

2.        Wallwork SB, Bellan V, Catley MJ, Moseley GL. Neural representations and the cortical body matrix: implications for sports medicine and future directions. Br J Sports Med [Internet]. 2016;50(16):990–6. Available from: https://bjsm.bmj.com/content/50/16/990

3.        Prill R, Schulz R, Michel S. Tissue flossing: a new short-duration compression therapy for reducing exercise-induced delayed-onset muscle soreness. A randomized, controlled and double-blind pilot cross-over trial. J Sports Med Phys Fitness. 2018 Oct;

4.        A Arce-Esquivel A, Cage A, J Warner B, Stevenson P. Flossing bands to treat keinböck’s disease in a collegiate men’s basketball player: a case report. Vol. 3, International Physical Medicine & Rehabilitation Journal. 2018.

5.        Driller MW, Overmayer RG. The effects of tissue flossing on ankle range of motion and jump performance. Phys Ther Sport [Internet]. 2017 May 1;25:20–4. Available from: https://doi.org/10.1016/j.ptsp.2016.12.004

6.        Driller M, Mackay K, Mills B, Tavares F. Tissue flossing on ankle range of motion, jump and sprint performance: A follow-up study. Phys Ther Sport [Internet]. 2017 Nov 1;28:29–33. Available from: https://doi.org/10.1016/j.ptsp.2017.08.081

7.        Kiefer BN, Lemarr KE, Enriquez CC, Tivener KA, Daniel T. A Pilot Study: Perceptual Effects of the Voodoo Floss Band on Glenohumeral Flexibility. Int J Athl Ther Train [Internet]. 2017 Feb 9;22(4):29–33. Available from: https://doi.org/10.1123/ijatt.2016-0093

8.        Hodeaux K. The Effect of Floss Bands on Elbow Range of Motion in Tennis Players. Univ Arkansas, Fayettev. 2017;

9. 1. Varela D, Piepoli A, Chulvi I, Picón M. Entrenamiento Oclusivo. VIVE EN-FO. Granada; 2019. 110 p.